Rafael Santos Badía: una trayectoria que habla por sí sola

Rafael Santos Badía: una trayectoria que habla por sí sola

Por Amada Herrera     Periodista

En la República Dominicana estamos acostumbrados a conocer a las figuras públicas por el cargo que ocupan. A veces, incluso, parece que su historia comienza el día en que reciben un nombramiento, poco se habla de lo que hicieron antes, de las dificultades que enfrentaron o de las personas que encontraron en el camino. Por eso, cuando una institución como el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) reconoce a Rafael Santos Badía como Profesor Honorífico, vale la pena mirar más allá de la distinción y detenerse en lo que representa su recorrido.

No todos los que llegan a posiciones importantes pueden mostrar una historia de más de cincuenta años vinculada a una misma causa. En Santos Badía, esa causa ha sido la educación, aunque su vida profesional también lo haya llevado por el Congreso Nacional, el sindicalismo, las relaciones laborales y distintas responsabilidades del Estado. Su historia comenzó mucho antes de que su nombre estuviera asociado a importantes instituciones del país. Comenzó en Tenares, en las aulas, cuando enseñar era su trabajo cotidiano y probablemente ni imaginaba hasta dónde llegaría.

Lo interesante de su trayectoria no es solamente la cantidad de cargos desempeñados. Es la capacidad de moverse entre escenarios tan distintos sin desprenderse de su condición de maestro. Porque hay quienes abandonan su oficio cuando alcanzan determinadas posiciones, mientras otros llevan consigo lo aprendido y lo convierten en una herramienta para dirigir, negociar y comprender a las personas.

Esa cercanía con la gente también quedó reflejada en los testimonios presentados durante el acto solemne celebrado en la sede de INTEC, donde distintas personalidades compartieron experiencias que permiten conocer al hombre más allá de sus responsabilidades públicas.

Entre esas voces destaca la de Fernando Pinales, quien fue su alumno de secundaria y, al recordarlo, no habla de sus cargos ni de sus reconocimientos. Habla del profesor y, sobre todo, del hombre sencillo al que las personas pueden acercarse sin temor. Destaca su disposición a escuchar y la naturalidad con que trata a los demás. Ese recuerdo tiene un valor particular. Después de tantos años, un antiguo estudiante sigue identificándolo por su calidad humana.

Algo parecido ocurrió con las palabras del doctor José Joaquín Puello, quien lo considera un referente por su disciplina, consistencia y solidaridad. Sin embargo, entre todas sus apreciaciones hay una que merece especial atención: «Te da su palabra, pero la cumple», esto no es un elogio menor. La credibilidad de una persona no se construye únicamente con discursos ni con buenas intenciones, se construye cumpliendo lo que promete, incluso cuando hacerlo representa un esfuerzo.

Sin lugar a dudas, esa manera de relacionarse con los demás también influye en su ejercicio como funcionario, como puedo verse en su gestión al frente del Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (INFOTEP), entre 2020 y febrero de 2026, Santos Badía asumió el reto de conducir una institución que debía responder a cambios acelerados en el empleo, la tecnología y las necesidades de capacitación. Bajo su dirección se impulsaron la ampliación de centros, la modernización de espacios y equipamientos, la actualización de programas y un mayor acercamiento a los sectores productivos. Pero más allá de la expansión institucional, su gestión apostó por acercar la formación técnico profesional a más dominicanos y fortalecer su papel como herramienta de desarrollo económico y social.

Eduardo Gogaert, quien compartió con Santos Badía en la Junta de Directores del INFOTEP, recuerda especialmente su tenacidad y su capacidad para conducir conversaciones difíciles. Habla de un hombre que escucha, argumenta y procura llevar posiciones diferentes hacia un propósito común. Es una cualidad que merece atención porque, en la gestión pública, saber escuchar puede resultar tan importante como saber decidir, no siempre se trata de imponer una idea, sino de conseguir que personas con intereses distintos encuentren razones para trabajar juntas.

Otro aspecto de su historia aparece en las palabras de Deligne Ascención, su testimonio vuelve la mirada hacia los orígenes de Santos Badía, hacia aquel joven procedente de una comunidad rural que tuvo que abrirse camino, superar obstáculos y construir oportunidades. Ascención destaca su capacidad de superación, pero también algo que considera fundamental: que el éxito profesional no le haya hecho perder la humildad ni su forma cercana de tratar a las personas.

Y quizás ahí se encuentre una de las lecciones más valiosas de esta historia, ascender social y profesionalmente es una aspiración legítima. Lo difícil, muchas veces, es hacerlo sin olvidar las experiencias que nos formaron, las dificultades que conocimos y la realidad de quienes todavía esperan su oportunidad.

Naturalmente, una trayectoria de servicio público debe examinarse también por sus decisiones y resultados. Haber ocupado importantes posiciones no coloca a nadie por encima del análisis ni de la crítica. Los reconocimientos adquieren mayor valor cuando pueden sostenerse en contribuciones concretas y no solamente en la notoriedad de quien los recibe. En el caso de Santos Badía, su prolongada participación en la educación, el gremialismo magisterial, la formación técnico-profesional y la administración pública ofrece elementos suficientes para valorar una carrera que ha mantenido una dirección reconocible.

Hoy, desde el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, tiene por delante una responsabilidad que exige mucho más que experiencia, pues la educación dominicana necesita avanzar de manera integrada con calidad, pertinencia, investigación e innovación. El desafío consiste en transformar los conocimientos acumulados durante décadas en respuestas a problemas que afectan especialmente a los jóvenes y a sus posibilidades de desarrollo.

Hay un detalle de los testimonios que llama la atención. Al final, Puello, Pinales y Ascención coinciden, con sus propias palabras, en pedirle que no cambie. No le piden que alcance otro cargo ni que reciba una nueva distinción, le piden que conserve su cercanía, su alegría, su solidaridad y su forma de tratar a la gente.

Esa coincidencia dice bastante. Cuando personas que han conocido a alguien en distintas etapas de su vida terminan destacando las mismas cualidades, conviene prestar atención. Quizás, después de todo, lo que permanece en la memoria de los demás no sea el cargo más alto que ocupamos, sino la manera en que los tratamos cuando tuvimos la oportunidad de ayudarles.

Desde esa perspectiva, el reconocimiento otorgado por INTEC a Rafael Santos Badía adquiere un significado especial. No solo distingue más de cinco décadas de aportes a la educación y al servicio público, sino que también invita a valorar una trayectoria que ha dejado huellas tanto en las instituciones como en las personas.

 

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