Ministerio Público y las estrategias contra los feminicidios

El Ministerio Público y las estrategias contra los feminicidios

Por Pedro L. Guerrero C.

El martes 19 de mayo de 2026, alrededor de las 7:00 a.m., conmovido por la ola de violencia imperante y, de manera especial, por la ocurrencia de los feminicidios en este mismo mes, escribí lo siguiente:

“Es evidente la tozudez, insensatez, irracionalidad, incompetencia y falta de sensibilidad que muestra el Ministerio Público (MP) en su labor diaria. ¿Pero cómo no saber que hacer para detener o reducir los feminicidios? Es inaceptable. ¿Cuándo se darán cuenta de que sus acciones actuales no resuelven nada? Si no lo saben, puedo explicárselo de forma gratuita. Me refiero estrictamente a las competencias y responsabilidades del MP, sin justificar las intervenciones de otros actores o instituciones que, aunque necesarios, no eximen al órgano persecutor, para que no justifiquemos las intervenciones de otros actores o instituciones, que son necesarios. Muchos feminicidios se habrían evitado si el MP actuara de manera diferente; su proceder actual no tiene justificación.

Nadie del MP está obligado a responder, pues no busco complacer a nadie. Sin embargo, si el MP ejerciera de forma distinta sus competencias, los feminicidios se reducirían de manera sistemática. ¿Cómo no se dan cuenta de que sus medidas históricas —y reiterativas en el tiempo— no han servido de nada? Siguen aplicando el mismo esquema fallido: órdenes de alejamiento tardías (que a menudo deben ser llevadas por las propias víctimas), casas de acogida para las afectadas, programas de formación en «nuevas masculinidades» para los agresores, campañas de prevención y caminatas de sensibilización, etc. Cómo no se dan cuenta que nada de eso ha servido para reducir los feminicidios, a pesar de ser reiterativo en el tiempo ese abordaje.

El MP sabe perfectamente que ninguna de estas medidas es efectiva. Sus propias estadísticas indican que más del 70 % de los feminicidas se suicida o intenta hacerlo. Aquellos que no lo logran, por desgracia, alegan no tener conciencia del hecho cometido una vez ejecutado. Por tanto, persistir en este modelo es una verdadera insensatez.

Escribí este texto profundamente indignado y lo compartí con algunos allegados. Algunos de ellos, bajo la premisa de que el MP hacía lo correcto con sus medidas tradicionales para contrarrestar, reducir o eliminar este flagelo, me desafiaron con una pregunta: «¿Y entonces, ¿qué se debe hacer?

Ante esa interrogante, y dado el compromiso asumido en mi escrito del domingo de proponer soluciones al MP, asumo la responsabilidad social y la indignación necesarias para responder.

A qui mi respuesta:

Los feminicidios son una realidad innegable que, lejos de disminuir, mantienen cifras anuales constantes o en aumento. El MP lo sabe, pero insiste en una estrategia fallida, invirtiendo tiempo y recursos del pueblo dominicano en vano. Tal vez asumen que su lucha contra la corrupción, la impunidad y otros delitos justifica su ineficiencia en el combate a los feminicidios.

Sin embargo, no tomar conciencia de que evitar la muerte de una mujer —así como la orfandad de sus hijos y el sufrimiento de sus allegados— es una prioridad absoluta, demuestra que ningún logro en materia de criminalidad común justifica el descuido en un área donde hay vidas humanas de por medio.

Desde mi perspectiva, el fenómeno de los feminicidios debe abordarse desde dos ámbitos diferenciados:

  1. Debemos reconocer que con el feminicida que ya ha desarrollado la patología de la celotipia hay muy poco que hacer; la única alternativa real es el control coercitivo. Es un error creer que se puede transformar su conducta con programas de educación sobre nuevas masculinidades, campañas de prevención, marchas de sensibilización, órdenes de alejamiento tardías o el traslado de la víctima a una casa de acogida.

Reitero: el hombre o la mujer que ha construido una posesión obsesivo-compulsiva hacia su pareja sentimental —un fenómeno que hoy se explica más por factores neuronales y epigenéticos que psicológicos— ofrece pocas alternativas de rehabilitación.

Con ese sujeto o población, estas serían medidas que están a mano hoy:

  1. Primero, el MP debiera desarrollar una estrategia o mecanismo de identificación temprana y oportuna. Las fiscalías locales a nivel territorial deben implementar mecanismos con redes comunitarias confiables y confidenciales, previa identificación, para que alerten en relación con dichos casos. Reconozco que esto es solo un esbozo, soy consciente del desafío y el requerimiento de inteligencia que requiere este abordaje para que sea afectivo, sin caer en ligereza e injusticia.
  2. Segundo, el MP, frente a las alertas detectadas temprana y ante denuncias iniciales de agresión de potenciales feminicidas debe iniciar un esquema de seguimiento a dichas alertas.
  3. Tercero, el MP, producido el primer hecho de violencia comprobado de un potencial feminicida debe actuar en consecuencia con medidas de coerción, amparadas en las normas existentes y si no existen, debiera propugnar para que las instancias correspondientes las establezca. No hay excusa para no hacerlo.
  4. Cuarto, el MP debe recurrir a la tecnología existente para la adquisición de dispositivos electrónicos, grilletes o brazaletes electrónicos, que pueda dar seguimiento, ubicación y control constante de las proximidades de la víctima y victimario. Eso así, una vez estudiadas, comprobadas y establecidas medidas de coerción al victimario. El MP, para estos fines deberá contar con un cuerpo policial especializado motorizado de respuesta rápida frente a la violación de la proximidad del potencial feminicida identificado. La reiteración de la violación de la proximidad debiera considerar la privación de la libertad del potencial feminicida. Tampoco para esto se deben escatimar esfuerzos y recursos. Dicho dispositivo electrónico deberá ser solventado por el victimario.
  5. En definitiva, las medidas que el MP debe desarrollar e implementar con los potenciales feminicidas son de control absoluto, no de prevención o educación con estos potenciales o con conductas manifiesta de feminicidas.
  6. El Estado, y en particular el MP, como rector, conductor e implementador de las políticas de la lucha contra la criminalidad y su prevención, deben realizar todos los esfuerzos y recursos de cara a implementar una política de tolerancia cero frente a los feminicidios. Desde mi perspectiva, ninguna inversión que no vaya orientada a evitar o contrarrestar violencia que conlleven asesinatos o suicidios, en particular los feminicidios, se justifica. Nada vale más que una vida.
  7. El MP debiera crear un registro nacional con los perfiles de los feminicidas confesos y procesados, tal como se cran en algunos países desarrollados para los pedófilos. Este registro de feminicidas o potenciales feminicidas, que por su conducta de agresión reiterativa y de alguna medida judicializados, debiera estar disponible en línea para cualquier mujer que quiera consultarlo y que quisiera saber y querer entrar en una relación amorosa con una pareja para que le permitan tomar las decisiones frente a esa posible relación.
  8. Es evidente que hay una segunda estrategia, que terminara incidiendo en la primera. Dicha estrategia debe estar centrada en la educación y formación de las nuevas generaciones que aún no han desarrollado la conducta celotípica.

Esta población es la niñez y los adolescentes, aunque preferiblemente la estrategia debiera iniciar desde la primera infancia.

Sin entrar en muchos detalles y aunque el MP no es el responsable directo de esta estrategia, debiera propugnar, con coordinación y acuerdos con dichas instancias responsables, lo siguiente:

  1. Propugnar porque el sistema educativo preuniversitario, esto incluye la primera infancia, incorpore en el currículo competencias y contenidos orientados a formar un nuevo ciudadano conscientes de sus derecho, deberes y respectos a la dignidad humana.
  2. Desarrollar e incorporar en ese nivel educativo la equidad e igualdad de género.
  3. Para esta población, si pudieran valer las campaña y publicidad para concientización que sean soporte y amplifiquen la formación formal para la prevención de los feminicidios.
  4. Establecer estrategia para que las familias y la comunidad sean parte protagónica de este nuevo enfoque y formación de la nueva generación. Hay muchas maneras y mecanismos para hacer esto.

En definitiva, debemos, con las nuevas generaciones, no con las que están ya patológicamente afectadas, programar los nuevos cerebros que están por formarse, con la ayuda de la neurociencia y la epigenética, para formar los nuevos ciudadanos, capaces de preservar la vida y dignidad humana.

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