Por Víctor De Los Santos
Maestría en contabilidad fiscal, gestión medioambiental y contaminación
La República Dominicana ha vivido durante el período hidrológico 2025–2026 uno de los ciclos climáticos más irregulares y extremos de los últimos tiempos. Sequías prolongadas, lluvias torrenciales, inundaciones urbanas, pérdidas agrícolas y daños a infraestructuras públicas han puesto nuevamente en evidencia la creciente vulnerabilidad ambiental y territorial del país.
Lo ocurrido en los últimos meses no debe verse como hechos aislados o simples anomalías meteorológicas. Muchos de estos escenarios habían sido advertidos desde hace años por científicos y organismos internacionales que estudian el cambio climático y el comportamiento de los sistemas hidrológicos del planeta.
Hoy, gran parte del Caribe comienza a enfrentar una realidad climática mucho más inestable y extrema: menos estabilidad atmosférica, lluvias más violentas, períodos secos más prolongados y eventos hidrometeorológicos cada vez más impredecibles.
La República Dominicana no escapa a esa realidad.
Del déficit de lluvias a las inundaciones extremas
El año hidrológico inició con períodos de déficit de precipitaciones que afectaron importantes zonas agrícolas del país, generando preocupación por el nivel de humedad de los suelos, la disponibilidad de agua para riego y la estabilidad de algunos embalses.
Sin embargo, posteriormente el panorama cambió de forma abrupta. Vaguadas, sistemas frontales y altos niveles de humedad provocaron intensas precipitaciones en distintas regiones, particularmente en áreas urbanas altamente vulnerables como el Gran Santo Domingo.
En cuestión de horas, sectores completos quedaron inundados, el tránsito colapsó y miles de familias sufrieron pérdidas materiales.Este comportamiento (pasar rápidamente de sequías a inundaciones extremas) constituye precisamente una de las señales más estudiadas por la ciencia climática moderna.
Ya no se trata únicamente de cuánto llueve, sino de la intensidad, velocidad y concentración con que ocurren las precipitaciones.
El elevado costo económico de los eventos extremos
Cada evento climático severo representa una enorme carga económica para el Estado dominicano.
Las inundaciones y crecidas afectan: Carreteras, puentes, drenajes, sistemas eléctricos, acueductos, infraestructuras agrícolas, viviendas y redes de transporte.
A esto se suma el costo de asistencia social, reparación de daños, subsidios, reubicaciones, atención sanitaria y reconstrucción de comunidades afectadas.
En muchas ocasiones, las pérdidas superan cientos o miles de millones de pesos en apenas días.
Cada puente colapsado, carretera destruida o sistema eléctrico afectado representa recursos públicos que dejan de invertirse en salud, educación, seguridad y desarrollo nacional.
El cambio climático no es solamente un problema ambiental; también es un problema económico, social y de seguridad nacional.
Agricultura bajo presión climática
El sector agropecuario es uno de los más sensibles frente a la variabilidad hidrológica.
Las sequías afectan el rendimiento de cultivos, la disponibilidad de agua, la calidad de los suelos y la productividad ganadera. Mientras tanto, las lluvias extremas provocan pérdida de cosechas, erosión, sedimentación, destrucción de caminos vecinales y afectación de sistemas de riego.
Esto repercute directamente sobre la seguridad alimentaria, la inflación, el abastecimiento y la estabilidad económica rural.
Salud pública y riesgos ambientales
Las inundaciones también generan importantes riesgos sanitarios.
El agua acumulada y la contaminación favorecen enfermedades gastrointestinales, dengue, leptospirosis, proliferación de vectores y deterioro de la calidad del agua.
A medida que aumentan los eventos extremos, el sistema de salud enfrenta mayores desafíos preventivos y operativos.
El problema del uso inadecuado del suelo
Aunque el cambio climático intensifica los fenómenos, muchos daños también están relacionados con problemas históricos de planificación territorial.
Durante décadas, el país ha permitido la ocupación de cañadas, la construcción en zonas inundables, la deforestación de cuencas, la impermeabilización excesiva del suelo y la expansión urbana desordenada.
Cuando las lluvias intensas coinciden con drenajes insuficientes, pérdida de cobertura forestal y crecimiento urbano sin planificación, las consecuencias se multiplican.
La naturaleza termina reclamando los espacios que le fueron ocupados.
Una advertencia científica que ya está ocurriendo
Numerosos científicos habían advertido que el Caribe sería una de las regiones más vulnerables frente al cambio climático debido al aumento de la temperatura oceánica, la elevación del nivel del mar, la intensificación de eventos extremos y las alteraciones del ciclo hidrológico.
Los acontecimientos recientes muestran que muchas de esas proyecciones comienzan a manifestarse con mayor frecuencia e intensidad.
La pregunta ya no es si estos eventos volverán a ocurrir, sino cuán preparados estaremos para enfrentarlos.
Educación ambiental: una herramienta imprescindible
Frente a este escenario, la educación ambiental debe convertirse en una prioridad nacional.
La adaptación climática no dependerá únicamente de grandes obras o inversiones estatales. También requerirá ciudadanos más conscientes sobre manejo del agua, protección de cuencas, disposición de residuos, conservación de ríos y cañadas, uso responsable del suelo y prevención de riesgos.
La educación ambiental debe comenzar en las escuelas, comunidades, medios de comunicación, universidades, iglesias, empresas y espacios públicos.
Porque proteger el medio ambiente ya no es solamente una responsabilidad ecológica: es una necesidad para la seguridad, la economía y la supervivencia de la sociedad dominicana.
Conclusión
El año hidrológico 2025–2026 deja una lección clara: la República Dominicana necesita acelerar su adaptación frente a una realidad climática cada vez más extrema e impredecible.
La combinación de cambio climático, mala planificación territorial, deterioro ambiental y vulnerabilidad urbana está aumentando el riesgo para millones de personas.
Todavía estamos a tiempo de actuar, pero cada año que pasa demuestra que la naturaleza avanza mucho más rápido que nuestra capacidad de preparación.


