Formar mientras se trabaja

Formar mientras se trabaja: una oportunidad para el futuro del país

Por: José Elías Peña Guillén

Hay jóvenes que quieren trabajar, empresas que necesitan trabajadores y un sistema de formación profesional que tiene la responsabilidad de ayudar a conectar esas dos realidades. Sin embargo, con frecuencia seguimos pensando que primero hay que estudiar, después conseguir un empleo y finalmente aprender a desempeñarse. La realidad del mundo productivo nos demuestra que, la mejor forma de conectar estas dos realidades es aprender y trabajar como parte de un mismo proceso.

La formación dual representa precisamente esa posibilidad. Un joven puede adquirir primero las competencias básicas que necesita para incorporarse al mundo laboral y luego continuar desarrollándose dentro de una empresa, aprendiendo de quienes conocen el oficio, utilizando las tecnologías reales y enfrentando los problemas que solamente aparecen cuando se trabaja. Es una manera de transformar el trabajo en una verdadera escuela de vida profesional.

Una oportunidad para nuestros jóvenes y para las empresas

Para un joven, ser aprendiz puede significar mucho más que aprender una ocupación. Puede ser la primera oportunidad para demostrar lo que es capaz de hacer, descubrir una vocación, desarrollar disciplina, asumir responsabilidades y comenzar a construir una trayectoria profesional. Detrás de cada aprendiz hay una persona que no solamente necesita conocimientos, sino también una oportunidad para demostrar su talento.

Y esa oportunidad puede cambiar una vida. Un joven que entra a una empresa como aprendiz puede salir de allí convertido en un trabajador calificado, con experiencia y con mayores posibilidades de conseguir un empleo estable. Puede comenzar como aprendiz, convertirse en técnico y, con el tiempo, alcanzar posiciones de mayor responsabilidad. El primer paso de una carrera profesional puede estar detrás de la puerta de una empresa que decidió darle una oportunidad.

Pero la formación dual no debe presentarse como un favor que las empresas hacen al país o al INFOTEP. Esa visión es demasiado limitada. Una empresa que forma aprendices también está formando su propio futuro.

Las empresas necesitan trabajadores que conozcan sus procesos, sus tecnologías, sus estándares de calidad y su manera de hacer las cosas. Muchas veces esos trabajadores no están disponibles en el mercado laboral. Entonces surge una pregunta sencilla: si el trabajador que necesitamos todavía no existe, ¿por qué no contribuir a formarlo?

La empresa que participa en la formación de aprendices puede identificar talento desde temprano, desarrollar trabajadores de acuerdo con sus necesidades, reducir los períodos de adaptación y construir una cantera de futuros colaboradores. La formación deja de ser entonces un costo que alguien debe asumir y comienza a convertirse en una estrategia empresarial para desarrollar talento.

El conocimiento también debe pasar de una generación a otra

Hay otra dimensión que merece ser valorada. En nuestras empresas existen trabajadores con años de experiencia, capaces de resolver problemas que ningún manual explica. Conocen las máquinas, los procesos, los trucos del oficio y, sobre todo, saben cómo hacer bien el trabajo. Ese conocimiento no debería desaparecer cuando esos trabajadores se retiran.

Por eso resulta tan importante desarrollar la figura del Maestro Técnico. El técnico experimentado puede convertirse también en supervisor, encargado o responsable de formar a otros. Puede transmitir lo que sabe y convertirse en monitor de nuevos aprendices. De esta manera, el conocimiento acumulado por una generación puede convertirse en el punto de partida de la siguiente.

Podemos imaginar una ruta sencilla y poderosa: aprendiz, técnico, Maestro Técnico y, posteriormente, formador de nuevos aprendices. No estamos hablando acciones formativas aislados, sino de una trayectoria de desarrollo del talento.

El joven que hoy entra como aprendiz puede convertirse mañana en un técnico competente; ese técnico puede continuar creciendo profesionalmente hasta convertirse en Maestro Técnico; y ese Maestro Técnico puede ser quien reciba al próximo joven y le enseñe el oficio que alguna vez alguien le enseñó a él. Así se construye una verdadera cultura de aprendizaje dentro de las empresas.

Una oportunidad que debemos convertir en realidad

En la República Dominicana contamos desde hace más de cuatro décadas con una herramienta creada precisamente para acercar la formación al mundo del trabajo. La Ley 116-80, que dio origen al INFOTEP, le encomendó establecer y mantener un Sistema Nacional de Aprendizaje. Desde entonces, el país ha acumulado experiencia en la formación de aprendices y ha contado con importantes aportes de la cooperación internacional. El INFOTEP tiene los fundamentos, la experiencia y las capacidades para hacer mucho más.

El desafío está ahora en darle al aprendizaje (formación dual) la dimensión que demanda el desarrollo del país. No se trata simplemente de aumentar el número de jóvenes que participan en estos programas, sino de lograr que más empresas comprendan que pueden encontrar en ellos una respuesta a una de sus necesidades más importantes: disponer de trabajadores preparados para las ocupaciones y tecnologías que requieren. Cuando una empresa participa en la formación de un aprendiz, no está solamente formando a un joven; está contribuyendo a formar parte de su propio talento futuro.

Para que esto ocurra, necesitamos una relación diferente entre el INFOTEP y las empresas. El INFOTEP debe proporcionar la formación, la metodología, el acompañamiento, la preparación de los monitores y los mecanismos que garanticen la calidad. Pero la empresa debe reconocer que formar trabajadores es también una inversión en su propia capacidad productiva. La verdadera expansión de la formación dual no dependerá de programas de formación, acciones formativas o participantes colocados, sino de cuánto logremos demostrarles el valor que representa participar en la formación de quienes mañana pueden convertirse en sus mejores trabajadores.

Y en esta tarea no debemos olvidar a quienes ya recorrieron ese camino. Una Asociación de Egresados del INFOTEP puede convertirse en un aliado fundamental para fortalecer la Formación Dual. Los egresados pueden ayudar a identificar nuevas empresas formadoras, orientar a los jóvenes que comienzan, promover el aprendizaje dentro de sus lugares de trabajo y, con la experiencia y cualificación necesarias, convertirse en Maestros Técnicos y monitores. Así se crea un círculo virtuoso: quienes ayer recibieron una oportunidad pueden ayudar a abrir hoy las puertas para quienes vienen detrás.

La Formación Dual, por tanto, merece ser vista mucho más allá de un programa de formación profesional. Puede convertirse en una alianza permanente entre jóvenes, empresas, trabajadores, egresados e INFOTEP, unidos por una convicción: el talento alcanza su verdadero potencial cuando el conocimiento encuentra la oportunidad de convertirse en experiencia.

La República Dominicana necesita jóvenes que encuentren oportunidades, empresas que encuentren el talento que necesitan y una economía capaz de responder a las nuevas tecnologías y a las transformaciones del trabajo. La Formación Dual puede ayudar a conectar esas tres necesidades y convertirlas en una misma estrategia de desarrollo.

No podemos esperar a que llegue el futuro para comenzar a preparar a quienes tendrán que construirlo. El trabajador que una empresa necesitará mañana puede ser el aprendiz que hoy está esperando una oportunidad. Abrirle esa puerta no es solamente darle una oportunidad a un joven; es también una manera de preparar a la empresa, fortalecer nuestra economía y construir desde ahora el país que queremos.

Un comentario

  1. Excelente artículo, sr. Peña; la formación dual es una verdadera inversión estratégica que transforma el talento joven en la competitividad que nuestras empresas necesitan

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