Por Garivaldy Sánchez
Académico e investigador con formación interdisciplinaria en las áreas de las Humanidades, Negocios Internacionales y Diplomacia.
La historia de la humanidad demuestra el valor significativo de la «educación» en el desarrollo y progreso de las civilizaciones. Este reconocimiento debe conducir hacia una progresiva erradicación de su condición de “privilegio” —aún presente en nuestra época— para materializar su naturaleza de derecho universal; pues, se trata de un imperativo categórico de nuestra sociedad dominicana en favor de un auténtico desarrollo humano integral.
Una mirada de conjunto al sistema educativo dominicano en el nivel preuniversitario, considerando los elementos que lo componen, permite identificar una “intencionalidad” marcada hacia la garantía del acceso universal a la educación a lo largo de toda la vida.
En ese contexto, se destacan las Escuelas Laborales, denominación que le proviene de las antiguas escuelas de artes y oficios surgidas en Europa en el siglo XIX, y que en la República Dominicana comenzaron a establecerse en la primera mitad del siglo XX. Estas antiguas escuelas de artes y oficios sirvieron de base para la conformación, en la República Dominicana, de dos modelos de educación o formación para el trabajo: el de Educación Técnico Profesional (ETP) y el de Formación Técnico Profesional (FTP), también conocido simplemente como Formación Profesional (FP).
Asimismo, los centros que no evolucionaron y permanecen operando bajo los mismos criterios de las antiguas escuelas de artes y oficios, se le denominaron “Capacitación Laboral para Oficios Tradicionales”, según da cuenta el informe “Diagnóstico sobre el Estado de las Escuelas Laborales pertenecientes al Ministerio de Educación (2009)”.
No obstante, la Ordenanza 1-95, que estableció el currículo para la Educación Inicial, Básica, Media, Especial y de Adultos a partir del año escolar 1995-1996, reconocía la necesidad de modernizar el sector educativo, apoyándose en los contenidos de la ciencia, la tecnología y los valores, con el fin de responder de manera eficiente y eficaz a los desafíos del nuevo siglo que se aproximaba.
En esa misma línea, el Plan Decenal 2008-2018, en lo relativo a la “Educación de Jóvenes y Adultos”, asumió como reto la problemática social que afecta a quienes no logran alcanzar un nivel educativo que les permita integrarse productivamente a la sociedad moderna. En ese momento, identificaba esta realidad como una de “las principales inquietudes que reclaman una urgente respuesta”, proponiendo como vía la Educación Técnico-Profesional y las distintas opciones de la formación profesional, incluida las Escuelas Laborales.
Otro documento de gran relevancia en este ámbito es la Ordenanza 03-2017 que, entre sus metas, se plantea adaptar el diseño de la educación técnico-profesional a las demandas del mercado laboral, con el propósito de favorecer la inserción en el sector formal de personas jóvenes y adultas en situación de mayor desventaja y con necesidades específicas.
Plan Decenal Horizonte
Mientras que en el Plan Decenal Horizonte 2024-2034 se identificó como parte del problema principal de la formación para el trabajo, “programas de Escuelas Laborales no articulado con la educación formal de jóvenes y adultos y no acceso a servicios educativos integrales y apoyo complementario”.
Los textos citados evidencian que las Escuelas Laborales requieren con urgencia la modernización anhelada desde la década de los noventa, la cual debe producirse en tres aspectos fundamentales que no pueden seguir postergándose: primero, la modernización de su infraestructura y el equipamiento de los centros; segundo, el diseño de la oferta curricular, articulándola con la educación formal, el sector productivo y el contexto social; y tercero, la capacitación del personal docente de las Escuelas Laborales, siguiendo el modelo implementado en la modalidad de Educación Técnico Profesional. A ello, debe precederle un estudio que revele de manera integral su diagnóstico actual.
Sin embargo, el reconocimiento de la importancia trascendental que representan las Escuelas Laborales en la República Dominicana solo podrá ser comprensible desde la aprehensión de la dimensión social; pues, el fin principal de la educación no se reduce a la transmisión de conocimiento, sino al bienestar colectivo de la sociedad, a través de garantizar la equidad, la inclusión y el desarrollo integral; en tal sentido, redimensionar las escuelas laborales del MINERD en un contexto de transformación, constituye una tarea urgente para una sociedad que aspira a fortalecer su capital humano, impulsar la productividad nacional y garantizar oportunidades equitativas de formación para todos sus ciudadanos.
El sector privado debe ser ente activo en el patrocinio de La Esuela laborales, en pro de la formación de sus futuros creadores de riquezas de sus propias empresas.