La dopamina digital y el ciclo de dependencia emocional en redes sociales.
Por J. Luis Rojas
lrojas50@hotmail.com
La sociedad contemporánea vive inmersa en un flujo incesante de información. Cada minuto se publican millones de mensajes, videos, opiniones y datos que compiten por captar la atención de distintos segmentos de audiencia. En este contexto emerge la infofrenia, una adicción creciente al consumo compulsivo de información que afecta tanto la salud mental individual como la calidad del debate público. Aunque no constituye un diagnóstico clínico, describe con precisión un fenómeno psicosocial documentado por investigaciones recientes en neurociencia, psicología digital y estudios de comunicación.
La infofrenia puede entenderse como una de las adicciones más silenciosas y peligrosas del siglo XXI: una compulsión por consumir información sin pausa, sin filtros y sin criterio, que erosiona la capacidad crítica de las audiencias y las vuelve más vulnerables a la manipulación. Este fenómeno impacta con mayor fuerza a la niñez, la adolescencia y la juventud, grupos especialmente expuestos a contenidos digitales que estimulan la hiperconectividad y la búsqueda constante de estímulos informativos.
La era digital y la infofrenia
La digitalización, uno de los pilares de la cuarta revolución industrial, atraviesa de manera profunda y acelerada todas las dimensiones de la vida humana. Su influencia se manifiesta en las relaciones sociales, en los modelos de producción y comercialización, en los procesos de aprendizaje, en las formas de entretenimiento individual y colectivo, en la configuración del empleo y las dinámicas laborales, en los hábitos alimentarios, en el papel de los medios tradicionales de comunicación e, incluso, en los modos de pensar y vestir.
Los estilos y formas de comunicación que históricamente han empleado los seres humanos también han sido transformados por la actual era digital. En este contexto, el periódico digital El Foco (2024), al referirse a la infofrenia como una nueva herramienta de manipulación de masas, afirma que, al igual que ocurre con el alcohol, las sustancias psicotrópicas, los juegos de azar o el sexo, las redes sociales pueden generar adicción cuando se consumen en exceso.
La razón es que estos estímulos provocan en el cerebro la liberación de dopamina, conocida como la “sustancia del placer”, aun cuando la información recibida no sea necesariamente agradable, sino simplemente coherente con el estado de ánimo del internauta.
La infofrenia impulsa a las personas a una necesidad casi irracional y compulsiva de obtener información sobre un tema específico. En el entorno digital actual, los usuarios están expuestos de manera continua a una avalancha de contenidos y noticias. Esta dinámica genera ansiedad, sensación de urgencia y, en muchos casos, desesperación por mantenerse al día con el hecho noticioso del momento.
El contacto permanente con el celular, la tableta o la computadora incrementa la vulnerabilidad emocional del usuario. Esta exposición constante puede inmovilizarlo o llevarlo a actuar de formas que no corresponden a su comportamiento habitual. Como consecuencia, cuando se desconecta, puede experimentar indefensión, tristeza o ira, síntomas que reflejan una dependencia creciente de la conexión digital (El Foco, 05/08/2024).
La saturación informativa como desafío cognitivo del siglo XXI
La sobrecarga informativa no es nueva, pero su intensidad actual sí lo es. La revisión científica The impact of digital technology, social media, and artificial intelligence on cognitive functions (2023) demuestra que el uso intensivo de dispositivos digitales afecta funciones clave como la atención, la memoria, la toma de decisiones y el pensamiento crítico.
Entre los hallazgos más relevantes destacan los siguientes: el uso constante de redes sociales altera los mecanismos de atención sostenida y fomenta la búsqueda compulsiva de novedades; la exposición continua a estímulos digitales reduce la capacidad de concentración y aumenta la impulsividad; y la memoria de trabajo se ve afectada por la multitarea digital, lo que dificulta el análisis profundo y la reflexión.
La infofrenia es el estado de una mente saturada que consume más información de la que puede procesar y que, en consecuencia, pierde claridad, criterio y capacidad de discernimiento. El procesamiento racional y consciente de grandes volúmenes de datos se vuelve especialmente difícil para quienes permanecen expuestos de manera casi ininterrumpida a los contenidos disponibles 24/7 en las plataformas digitales. Esta sobrecarga deteriora la atención, debilita el juicio y favorece decisiones impulsivas o poco fundamentadas.
El individuo infofrénico: ansiedad, impulsividad y pérdida de autonomía
La infofrenia tiene consecuencias directas en la salud mental. Un análisis bibliométrico publicado en 2025 sobre adicción a internet y salud mental confirma que el uso excesivo de tecnologías digitales está asociado con depresión, impulsividad, deterioro cognitivo y trastornos del sueño.
Entre los efectos individuales más frecuentes se encuentran:
Ansiedad informativa — La necesidad de estar permanentemente actualizado genera estrés y sensación de urgencia.
- Impulsividad digital — Se reacciona más de lo que se reflexiona; se comparte más de lo que se contrasta.
- Dependencia emocional — La validación social y la dopamina de las notificaciones refuerzan el consumo compulsivo.
- Procesamiento superficial — La lectura profunda es reemplazada por el escaneo rápido de titulares y fragmentos.
La infofrenia convierte a las personas en consumidores compulsivos, pero no en ciudadanos informados, actualizados y críticos. El ecosistema digital contemporáneo ofrece volúmenes desbordantes de información, diversa y fragmentada, a audiencias que con frecuencia carecen de las capacidades necesarias para interpretarla de manera crítica, contextualizada y productiva.
El impacto colectivo: sociedades más manipulables y democracias más frágiles
La infofrenia no solo afecta a las personas; afecta a las sociedades y a sus democracias. Entre sus efectos negativos destacan:
- Audiencias vulnerables a la manipulación — La saturación y la fatiga cognitiva reducen la capacidad para distinguir entre información verificada y contenido manipulador, facilitando la propagación de desinformación, rumores y narrativas polarizantes.
- Ecosistemas digitales que amplifican la adicción — Las plataformas están diseñadas para maximizar el tiempo de permanencia. Sus algoritmos priorizan contenido emocional, polémico o sensacionalista, reforzando la compulsión informativa y debilitando la deliberación racional.
- Debate público empobrecido — La conversación social se vuelve reactiva y fragmentada. Las opiniones se forman a partir de estímulos rápidos, no de análisis profundo, lo que reduce la calidad del debate democrático y dificulta la construcción de consensos.
- Democracias en riesgo — Una ciudadanía saturada pero incapaz de analizar críticamente es más fácil de manipular. La infofrenia debilita la capacidad colectiva para evaluar políticas públicas, cuestionar discursos de poder y participar de manera informada en la vida democrática.
Datos recientes que evidencian la magnitud del problema
Estudios recientes confirman que la relación entre consumo digital y deterioro cognitivo es cada vez más clara. Entre ellos:
- La revisión de 2023 sobre tecnología digital y cognición documenta efectos negativos en atención, memoria, pensamiento crítico y toma de decisiones, especialmente en usuarios intensivos de redes sociales.
- El análisis de 2025 sobre adicción a internet muestra que el uso excesivo está vinculado a depresión, impulsividad, problemas de sueño y deterioro cognitivo en adultos, además de riesgos físicos como dolor musculoesquelético e hipertensión.
- Investigaciones experimentales recientes confirman que el consumo intensivo de medios digitales reduce la capacidad de atención sostenida y afecta el procesamiento cognitivo profundo.
Indotel: el chantaje y las noticias falsas en redes sociales
Las declaraciones más recientes del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel), emitidas el 29 de septiembre de 2025, sobre el uso y la difusión de noticias falsas en redes sociales en la República Dominicana, evidencian la magnitud del problema y su impacto en la ciudadanía, el debate público y la salud democrática del país. Los datos provenientes de los monitoreos realizados por la entidad rectora de las telecomunicaciones muestran que la sociedad dominicana enfrenta un ecosistema digital altamente contaminado por desinformación, lo que facilita la expansión de la infofrenia.
Según el presidente del Consejo Directivo del Indotel, Guido Gómez Mazara, el 62 % del contenido que circula en redes sociales en el país es falso, mientras que el 70 % de las personas que reciben información falsa la reenvían sin verificar su autenticidad.
Estas informaciones alertan sobre los efectos negativos derivados del uso inadecuado de las redes sociales y plataformas digitales. Entre ellos destacan: la predominancia de contenido viral falso, la tendencia de la ciudadanía a compartir información sin verificar, la alta exposición de la niñez y la juventud, y el uso de la desinformación como herramienta de manipulación, chantaje y distorsión del debate público, con implicaciones directas para la salud democrática.
Este panorama refuerza la necesidad de abordar la infofrenia como un fenómeno psicosocial con consecuencias serias para la salud pública, la estabilidad familiar y la vida democrática. La infofrenia es la adicción silenciosa del siglo XXI: no destruye el cuerpo, pero sí la capacidad de comprender el mundo. Y una sociedad que no analiza ni comprende es una sociedad vulnerable, fácil de manipular, engañar y maniobrar.

