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Corriendo tras el viento: Lo que Eclesiastés nos enseña sobre la ansiedad moderna

Por: Elis Peralta
Comunicadora, analista de investigación y relacionista pública

Mientras leía el libro de Eclesiastés, me fui trasladando a cómo vivimos hoy en día. Vivimos en una época marcada por el agotamiento. A pesar de contar con más tecnología, comodidades y conexiones digitales que cualquier generación anterior, los índices de ansiedad, depresión y burnout continúan rompiendo récords. La psicología moderna describe este fenómeno como la «trampa del rendimiento» o la «adaptación hedonista»: esa carrera incesante en la que logramos una meta, obtenemos una breve descarga de dopamina y rápidamente nos sentimos vacíos, necesitando el siguiente logro o la siguiente validación para sentirnos valiosos.

Sin embargo, esta crisis de salud mental no es nueva. Hace miles de años, un rey del antiguo Oriente documentó exactamente la misma experiencia en el libro bíblico de Eclesiastés. Su diagnóstico resonó en una frase célebre: «Todo es vanidad y aflicción de espíritu», o como traducen algunas versiones modernas, «un correr tras el viento».

La trampa del éxito y la comparación

El autor de Eclesiastés, tradicionalmente identificado como Salomón, no escribió desde la escasez, sino desde la abundancia absoluta. Tuvo a su alcance la riqueza, los proyectos arquitectónicos, los placeres, la fama y el conocimiento. No obstante, al mirar el resultado de sus esfuerzos, descubrió que nada de eso podía saciar la sed del alma humana.

Hoy caemos en la misma trampa a través de las redes sociales y la cultura de la hiperproductividad. Medimos nuestro valor por los «me gusta», los títulos profesionales o los bienes materiales. Intentar construir la paz mental sobre la validación externa es, literalmente, intentar atrapar el viento con las manos: un esfuerzo agotador destinado al fracaso.

El antídoto: Límites y descanso

La salud mental exige reconocer nuestros límites, y la sabiduría bíblica coincide plenamente. En Eclesiastés 4:6 encontramos una joya de autocuidado:

«Más vale un puño lleno de descanso que dos puños llenos de trabajo y aflicción de espíritu.»

Frente a una sociedad que rinde culto a la explotación personal y al trabajo sin pausa, el texto sagrado nos recuerda que la ambición desmedida enferma la mente. El descanso no es un lujo ni una muestra de debilidad; es una necesidad vital y un principio sagrado para preservar nuestra cordura.

Volver a lo esencial y el llamado al mundo

¿Cuál es la salida que propone Eclesiastés para sanar la mente saturada? La respuesta es sorprendente por su sencillez: aprender a estar presentes, agradecer lo cotidiano y soltar la obsesión por el control. En el capítulo 3, el autor concluye que no hay nada mejor para el ser humano que alegrarse, hacer el bien, y entender que comer, beber y disfrutar del fruto del trabajo diario es un regalo de Dios.

Esta enseñanza milenaria resuena con fuerza en los llamados contemporáneos al mundo. Como ha advertido el Papa León XIV al señalar los peligros de una sociedad obsesionada con la eficiencia y el éxito técnico: «El verdadero progreso no nace de la eliminación de la fragilidad humana», sino de saber abrazar nuestra humanidad, elegir la ternura, la comunidad y volver la mirada hacia lo que verdaderamente perdura.

Correr tras el viento solo nos deja sin aliento. Restaurar nuestra salud mental empieza cuando dejamos de perseguir lo ilusorio y aceptamos la gracia de una vida simple, cimentada en la fe, la paz y el encuentro sincero con los demás.

 

 

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