La fiebre por el consumo y su impacto ambiental

COP30: Logros, alcances y una larga lista pendiente que exige vigilancia permanente

Por VÍCTOR DE LOS SANTOS

Maestría en contabilidad fiscal, gestión medioambiental y contaminación

La Conferencia de las Partes número 30 (COP-30), celebrada del 10 al 21 de noviembre de 2025 en Belém, Brasil, llegó envuelta en una expectativa sin precedentes: por primera vez la ONU celebraba su cumbre climática en el corazón de la Amazonía, el mayor bosque tropical del mundo y un regulador esencial del clima planetario.

Su resultado formal fue la aprobación del Paquete de Belém, integrado por 29 decisiones que abarcan desde financiamiento climático y adaptación hasta transición justa, comercio, mercados de carbono y protección de bosques tropicales. Junto a ello, las Partes adoptaron 59 indicadores globales de adaptación, un instrumento que busca “hacer medible” el grado de preparación climática de cada país.

En el papel, se trata de uno de los paquetes más amplios acordados en una COP reciente. Sin embargo, y como alertan múltiples observadores, el progreso logrado “luce tan frágil como la propia Amazonía”. Gran parte de lo acordado carece de mecanismos claros de implementación, financiamiento o verificación. Y la omisión de temas críticos —como la eliminación gradual de los combustibles fósiles— deja un vacío que amenaza con agravar la crisis climática.

Avances reales, pero limitados

Uno de los primeros logros que destacó la presidencia brasileña fue haber alcanzado consenso entre las 195 Partes para aprobar el Paquete de Belém. Las 29 decisiones abordan temas estratégicos como: financiamiento climático, aggiornamento tecnológico, mecanismos de mercado, transición justa, transparencia y monitoreo, enfoques de género, y protección de ecosistemas clave.

De acuerdo con Carbon Brief (2025), el valor del paquete radica en su “amplitud programática”, aunque reconoce que “la mayor parte de las decisiones requieren traducción a políticas nacionales antes de generar efectos reales”.

Otro elemento considerado positivo fue la adopción de los 59 indicadores globales de adaptación, un conjunto de métricas que permitirá medir el nivel de vulnerabilidad, exposición y resiliencia climática de cada país. El Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible (IISD) señaló que estos indicadores “son un paso fundamental para estandarizar el seguimiento de la adaptación”, pero advirtió que no implican sanciones ni obligaciones vinculantes.

Asimismo, la COP-30 anunció una promesa política: triplicar la financiación global para adaptación al cambio climático para 2035. Esta meta, celebrada por países vulnerables, podría abrir oportunidades para infraestructura resiliente, sistemas de alerta temprana, restauración de ecosistemas y fortalecimiento de la gobernanza climática. Sin embargo, como destacó el periódico británico The Guardian (22 de noviembre de 2025), “el acuerdo no define mecanismos de reparto, ni cuotas por país, ni una ruta clara de verificación”.

Es decir: se prometió más dinero, pero no se precisó quién lo aportará ni cómo.

Las fragilidades: un cúmulo de pendientes imposible de ignorar

1. Ausencia de un acuerdo sobre combustibles fósiles

Para muchos actores climáticos, este es el mayor fallo. Ni el Paquete de Belém ni las decisiones finales incluyen un compromiso explícito para la eliminación gradual (phase-out) del petróleo, el carbón y el gas.

The Guardian escribió que la COP-30 “arrastra la misma indecisión que frustró la ambición de las cumbres anteriores”.

2. Financiamiento sin estructura operativa

Aunque la promesa de triplicar fondos suena positiva, el centro de investigación ODI advirtió que sin mecanismos verificables la promesa “corre el riesgo de convertirse en otro compromiso simbólico”.

3. Protección de la Amazonía sin herramientas vinculantes

Las decisiones sobre deforestación y ecosistemas quedaron en formulaciones generales, sin metas ni sanciones.

La coalición internacional Nature4Climate lamentó que “la COP-30 perdió la oportunidad de proteger decisivamente los bosques tropicales”.

4. Los 59 indicadores no obligan a actuar

No imponen obligaciones de mejora. Pueden señalar rezagos, pero no obligan a los países a corregirlos, lo que reduce su efecto político.

Conclusión: una COP que avanza, pero a un ritmo insuficiente

El balance de la COP-30 revela una brecha profunda entre el lenguaje diplomático y la transformación real que exige la crisis climática. Para muchos expertos —incluyendo a Carbon Brief— se trata de un “progreso estructural sin músculo operativo”.

Más que satisfacción, esta COP demanda vigilancia, presión social, voluntad política y rendición de cuentas. El planeta no necesita más declaraciones bien redactadas; necesita acciones concretas, medibles y verificables.

Implicaciones para la República Dominicana y el Caribe

Aunque las decisiones de la COP-30 son globales, su impacto es especialmente relevante para regiones altamente vulnerables como el Caribe. Para la República Dominicana, las principales implicaciones son:

• Mayor acceso potencial a financiamiento de adaptación, siempre que el país fortalezca sus capacidades de proyectos, transparencia y gobernanza climática.

• Necesidad de alinearse con los 59 indicadores globales, lo que obligará a mejorar sistemas de datos, monitoreo hidrometeorológico y capacidades institucionales.

• Prioridad en infraestructura resiliente: agua, costas, energía, agricultura y zonas urbanas, sectores críticos ante huracanes cada vez más intensos.

• Riesgo de quedar rezagados si la financiación prometida no se materializa, ya que el Caribe es uno de los más dependientes de fondos internacionales para adaptación.

• Oportunidad para fortalecer la diplomacia climática regional en torno a temas como pérdidas y daños, transición justa y protección costera.

En otras palabras, lo decidido en Belém ofrece oportunidades importantes, pero también confirma la urgente necesidad de que el Caribe —y en particular la República Dominicana— fortalezca su preparación institucional y su voz colectiva en las negociaciones globales.

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